Mi viaje a China por trabajo

Julio 2017

Hangzhou West Lake 🙂

“¡Vienes a China conmigo! Prepara los documentos que necesitas”. Fue lo que mi jefa me dijo y yo me emocioné muchísimo. Tenía ganas de conocer a los proveedores con los que trabajaba y, además, tenía una curiosidad por viajar a China que no pude más que emocionarme. Contando que sería el segundo país que conocería de Asia (el primero fue India en el mismo año).

El viaje hasta llegar al destino final fue un poco duro, porque viajé en la aerolínea Emirates desde Barcelona hasta Shanghai haciendo escala en Dubai. Llegué a Shanghai sobre las 11 de la noche y, luego de pasar control de pasaporte, me esperaba el chofer de un proveedor para llevarme a Hangzhou, que quedaba a unas dos horas y cuarto aproximadamente en carro. Me quedé profundamente dormida durante un buen rato y llegué al hotel sobre las 2 de la mañana para darme una ducha rápida y dormir unas horas porque a las 7 salíamos para otra ciudad: Ningbo.

Ya poco a poco me fui acomodando al cambio de hora, y al igual que en mi viaje a India, nos movimos mucho en coche. En Ningbo visitamos una fábrica de textil de hogar y luego, en el mismo día, fuimos a Shaoxing, para ver a otra fábrica, para volver al hotel en Ningbo. Un viaje muy cansado. Por suerte los hoteles eran muy cómodos y además que tenían buffet y pude probar distintos tipos de comida (hasta llegué a desayunar pasta o platos con pollo).

Nuestra siguiente parada fue a Changzhou en tren. Me acuerdo de que no nos ubicamos bien en el andén para subir al vagón y tuvimos que caminar desde el último vagón hasta el primero con dos maletas grandes (las cargaba yo) y mi antigua jefa con una mediana.

En esta ciudad pude hacer más turismo. Por la noche salimos a cenar y luego a un parque temático llamado Dinosaur Park. Ya estaba cerrado, pero pudimos recorrer las tiendas de souvenirs que se encontraban fuera donde compré muchos recuerdos baratos para mí y mi familia.

Dinosaur Park, un parque muy original y divertido

Otra de las paradas que hicimos en esta ciudad al día siguiente, luego de visitar las fábricas, fue ir al centro comercial Global Harbor donde también me compré un par de cosas de recuerdo.

Pero, sin duda, mi ciudad favorita en China fue Hangzhou; tengo muchas ganas de volver porque me faltó tiempo. Llegamos en tren y mientras esperábamos a la socia de mi antigua jefa para cenar, me fui a conocer el centro comercial y ver los fuegos artificiales en el Lago del Oeste (nombre como se lo conoce). Me merecía un descanso luego de visitar el showroom del proveedor, el cual tenía cinco plantas llenas de productos para el Hogar (de los mejores y más completos que he estado).

Y así, cinco plantas de productos de hogar. ¡Impresionante!

Uno de los proveedores nos llevó a comer al Hangzhou Tower Shopping Mall, un ícono en la ciudad. Pero mi presupuesto no llegó para comprarme nada, ya que está lleno de tiendas de lujo.

Y al fin llegó mi día libre. Mi vuelo salía a las 22h, así que tenía tiempo de conocer algo más. Me pedí un taxi del hotel (que no hablaba nada de español ni inglés) y me llevó hasta Hefang Street, una calle muy amplia llena de tiendas para comprar todo tipo de productos y souvenirs. Hacía muchísimo calor, por lo que visité algunas de ellas y luego le pedí que me llevara de vuelta al hotel.

Luego de dejar las cosas me fui a caminar por el lago del Oeste, el cual es el ícono de la ciudad. Estuve rodeada de mucha vegetación (al igual que gente local) pero la humedad era insoportable. También durante el recorrido pude ver muchos pabellones y a muchas personas realizar el recorrido por el lago en un barco en forma de dragón.

Terminé mi día refrescándome en el centro comercial para ya luego volver a Shanghai para coger el vuelo de vuelta a Barcelona.

Y la verdad es que China me pareció un país muy interesante y me gustó muchísimo. Creo que también tiene mucho contraste con la India, por ejemplo, en muchas fábricas no había mucha limpieza y luego en otras eran de cinco estrellas. Aprendí a ir a baños o mejor dicho ir a letrinas, ya que en la mayoría de los lugares no había lavabos de tipo occidental. También probé muchísima comida, hasta un trozo de la uña de pollo creo que era porque no pude llevarme otro bocado a la boca. Y en cuanto a las personas, uff muchísimos habitantes por todos lados. Se podía ver en las calles como si fueran una masa, muchos con paraguas para protegerse del sol; pero todos muy amables.

Espero con ansías volver a ir a China, conocer la muralla que en este viaje no pude, y que sea por turismo.

Rossana 😊

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