10 cosas que menos me gustan de viajar

De las cosas que más me apasionan es viajar y conocer nuevos sitios, además de leer. Pero siempre hay cosas que a uno le gusta menos de viajar y aquí las comento:

1. El límite de peso en el equipaje

Llega la noche anterior a tu viaje y empiezas a ponerte nervioso por el peso de tu equipaje, sea de cabina o de mano. A mí siempre me pasa, y eso que trato de usar la balanza que tengo en casa para tener un aproximado.

Es horrible cuando lees las condiciones de la aerolínea y te dicen: “una pieza por pasajero”, “el peso del equipaje de mano no puede pasar los 7kg”, “el peso del equipaje de cabina es de 23kg”.

Por suerte, al viajar mucho, ya me conozco las políticas de las aerolíneas, porque una vez me pasó viajando en 2016 a Turquía; el equipaje de mano debía pesar 7kg y sólo podía llevar una pieza. Terminé pagando 45 euros en la puerta de embarque para enviarla. La siguiente vez que viajé con esa aerolínea, lo tuve todo controlado.

También al viajar mucho a Ecuador, controlo el equipaje de las maletas de bodega. Ya sé que suelen aceptar 1kg extra, pero igualmente lo que hago es, en cuanto llego al aeropuerto, buscar un counter vacío y pesarlas, y si no lo logro, cruzar los dedos no me hagan problema.

También he aprendido a viajar ligero. Si logré viajar 12 días a Vietnam y Camboya sólo con maleta de mano y mochila, puedo lograr cualquier cosa, ¿no creen?

2. Armar una maleta en entretiempo

O llevas mucha ropa de frío o mucha de calor o justo tienes la maleta ya lista y cambia la predicción y toca hacerla desde cero. Es un poco frustrante viajar en épocas en que el tiempo varía mucho. En el día hace un sol radiante y por la noche las temperaturas bajan. Además, todos sabemos que la ropa de frío ocupa espacio y peso en la maleta.

El año pasado me sucedió cuando viajaba a Dubrovnik (Croacia), unos amigos estaban ahí dos días antes y mi amiga me decía que estaba haciendo frío, que hasta el cuñado se puso una manta para cenar y me mostró fotos de la ropa que utilizaba. Llego  y,  las temperaturas suben, no había llevado ni un bañador y sólo tenía pantalones y prendas largas. La quería matar, pero también a mí no se me ocurrió pensar que ellos viviendo en Ecuador, ya con una temperatura de 21 grados tienen mucho frío, mientras que yo ya estoy más acostumbrada.

Pero lo más terrible fue en 2018 cuando fui a París acabando el verano y había visto que las temperaturas estaban altas y llevé solo jerseys gruesos. Me tocó ir al H&M de Champs Elysees y comprarme una chaqueta de 50 euros para poder sobrevivir al viaje. Eso sí, es la chaqueta que más utilicé durante ese invierno, así que ya está más que amortizada y es comodísima. Por lo que la compra valió la pena, aunque a mi bolsillo le dolió en esos momentos (teniendo chaquetas en casa).

3. Retrasos o cancelaciones

De las cosas que más me frustran es llegar al aeropuerto y que recién avisen que el vuelo está con retraso o cancelado (no me ha pasado frecuentemente). Podía haberme quedado más tiempo en casa o haber venido más tranquilamente, o quizás podía haber turisteado más por la ciudad donde me encontraba. Lo peor es que en esos momentos no se puede hacer nada, y depende del tiempo de retraso, se pueda reclamar para obtener una compensación. Créanme que sí funciona.

En 2016 que viajé a San Petersburgo, mi vuelo de Barcelona tenía que haber salido a las 12 de la noche, y terminó saliendo a las 6 de la mañana. Estuve reclamándole a la aerolínea por 5 meses, a base de correos, hasta que me compensaron con 400 euros. Claro, tuve que pasar la noche ahí, perdí la noche de hotel, gran parte del tour pagado del día siguiente y el taxi que me recogía en el aeropuerto (iba a llegar en la madrugada).

La única vez que me cancelaron un vuelo, fue cuando volvía de Basilea. Estaba con una amiga y, ya en el aeropuerto, nos avisan que había tormenta en Barcelona y no podía aterrizar ningún vuelo. Primero habían comentado que se retrasaba (era por la noche el vuelo), pero luego de esperar un largo rato, nos dijeron que se cancelaba y que buscáramos en la aplicación un nuevo vuelo. Era domingo y el siguiente era recién para el martes y las dos trabajábamos al día siguiente (un día podía excusarme, ya que era algo fuera de mi control).

Finalmente tuvimos que comprar un vuelo para el día siguiente en otra aerolínea, al precio de la ida y vuelta, pero, como en estos casos, me gusta que respeten mi tiempo, logré también que nos compensen el vuelo perdido, el nuevo que tuvimos que comprar y el hospedaje de esa noche.

4. Seguridad en aeropuerto

Soy experta en que me toque la revisión aleatoria cuando se pasa Seguridad en los aeropuertos. Sé que es algo obligatorio y necesario que tienen que hacer, pero muchas veces son pesados. Ya he aprendido que si llevo artículos de higiene que sean líquidos (hasta la pasta de dientes está dentro de este grupo) los llevo ya dentro de una bolsa con cierre hermético de 1 litro. Y mientras estoy en la fila, saco esta bolsa de mi maleta, así voy preparada. Lo que sí me pasa, es que me olvido de sacar la laptop, y es cuando me toca abrir la maleta delante de todos y detener la fila.

5. Largos viajes + escalas

En estos últimos 6 años he hecho muchos viajes largos para ir a visitar mi familia, y sé que al llegar todo lo recompensa, es inevitable terminar cansada luego de estos. El estar tantas horas sentada en un avión, con un desconocido a lado, sin poder moverte, y luego correr por todo el aeropuerto para no perder la escala hace que uno acabe agotado. Por suerte, siempre trato de coger las conexiones con mínimo tres horas entre ellas; prefiero esperar en la sala de embarque que perderla.

6. Enfermarte antes o durante el viaje

Faltan días para el viaje que tenías planeado y sientes que te vas a resfriar. Y es que enfermarse justo antes de un viaje es duro, sea un resfrío, algo estomacal o una tos. No hay nada peor que irte así a un sitio que tenías mucha ilusión de conocer. Si hay un margen de días, seguro que vas a la farmacia y consultas qué puedes tomar.

Todavía me acuerdo cuando me dio apendicitis un domingo, y esa semana tenía un viaje de trabajo por el día y a final de la semana cogía dos días de vacaciones. Aunque a veces pienso que mejor me dio ese día y no en medio de uno de los viajes. Porque enfermarte con algo así, mientras estás en un país desconocido, donde no hablan tu idioma, es muy complicado.

Por eso siempre que viajo, trato de tomar mucha vitamina C o propóleo los días antes, para las defensas, como sano (evito los mariscos); y, ya en el viaje, llevo un botiquín con medicinas, vigilo mucho la comida y los sitios, me hidrato bastante y depende del clima llevo vitamina C o alguna otra medicina natural para las defensas. 

7. Cuando el hospedaje no cumple tus expectativas

Llegas a la ciudad que has viajado y el hospedaje no era lo que esperabas y no te toca más que acomodarte y decir “por suerte son pocas noches”. Es muy desagradable que te hayan vendido una idea sobre el sitio donde vas a dormir, ducharte y descansar, y luego sea completamente distinto o no mostraron la realidad. Me acuerdo cuando los papás de una amiga me contaron que, en uno de sus viajes, en las fotos aparecía una televisión en la habitación del hotel y cuando llegaron había resultado ser un cuadro de un tigre, y así con otros objetos que en las fotos se veía totalmente diferente.

Por eso cuando viajo busco en Trip Advisor comentarios y fotos de huéspedes sobre un hospedaje en específico y así decido o voy preparada. Lo más complicado es cuando las ciudades son caras y uno tiene un presupuesto mucho más bajo; ahí toca ajustarse y cruzar los dedos.

8. Expectativa vs realidad

Habías visto muchas fotos sobre un sitio al que tenías muchas ganas de ir, y ya te imaginas estando ahí, con tus amigos, tu cámara, y cuando llegas es totalmente distinto. Hay gente por todos lados (algunos hasta con paraguas para cubrirse del sol), sea que estén solos, en grupos pequeños o en esos tours que van todos juntos. Te decepcionas un poco porque no era lo que esperabas; eso es lo que llamo expectativa vs realidad, y existen muchos casos, y me ha pasado: Taj Mahal, Palacio de Versalles, la Mona Lisa, la Torre de Pisa, la Torre Eiffel, Santorini, la Sirenita en Copenhague, la Acrópolis de Atenas, Halong Bay, Amanecer en Angkor Wat, entre otros que ahora no recuerdo y los sitios futuros que vendrán. Pero lo importante es haber estado ahí, y salvo que seas millonario, tendrás que unirte a los miles de turistas más que los visitan.

(En la segunda foto, en Sacre Coeur en París, busquen el punto rosa a la izquierda. Soy yo 🙂 )  

9. Jet lag

El llamado cambio de horario. El que no lo ha pasado alguna vez que levante la mano por favor. Es terrible el viajar muy lejos y morirse de sueño a las 4 de la tarde mientras estás turisteando o levantarte a las 5 de la mañana sin poder dormir nuevamente. También puede que pase a la vuelta a casa y te toque volver a la rutina. En mi caso, aunque haya viajado muchas veces y siga todas las recomendaciones, no termino de acostumbrarme.

10. Volver a casa

Cuando uno viaja los días se pasan súper rápido y cuando te das cuenta ya el viaje ha terminado y te toca volver a casa. Lo más chistoso es que has llegado de vuelta a tu destino y ya comienzas a pensar en el próximo viaje que realizarás.

Rossana 😊

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: