Mi viaje a las Islas Encantadas – San Cristóbal, Galápagos (Ecuador) Parte I

Marzo 2020

Volví a las Islas Encantadas luego de once años. No podía ocultar mi emoción desde que compramos los pasajes. Ya había estado en la Isla Santa Cruz en el 2009 con mi mamá, mi hermana, una pareja amigos de mis papás y dos de sus hijas. Esa vez no había organizado nada, por lo que ahora tuve que investigar bastante en Internet y preguntar a conocidos que habían ido.

Hace mucho tiempo que tenía ganas de ir a la Isla San Cristóbal, creo que desde que escuché que abrían vuelos directos. Además, la ciudad Puerto Baquerizo Moreno es la capital del archipiélago, aunque sinceramente no sabía qué tanto se podía conocer o si era paradisíaca.

Estuve investigando y vi que habías muchos sitios por conocer, especialmente el León Dormido (Kicker Rock), que es una de las fotos emblemáticas de la isla. Mi acompañante quería ir varios días, por lo que compramos los pasajes para estar cuatro días completos (más el día de llegada y el de regreso, ya que el vuelo era a la 1pm). Nos decidimos por la aerolínea Avianca, ya que era la aerolínea que mejores condiciones nos daba en cuanto a precio, horarios y fechas. Al igual que después de ver tantos alojamientos en Booking, finalmente nos decidimos, por comodidad, por un departamento de AirBnB.

León Dormido (Kicker Rock)

*Para más información sobre aerolíneas, divisa, dónde hospedarse y qué llevar, puedes visitar la entrada “Consejos para viajar a Galápagos”.

Encontré en Internet que en San Cristóbal está el tour que llaman 360, el cual recorre en bote toda la isla. Por lo que decidimos tomarlo con la agencia Galápagos Eco Fishing, por los comentarios y porque ellos son los pioneros de esta excursión. Salimos muy contentos con la agencia y la recomendamos, porque cumplió con todo lo prometido. La conversación fue por Whatsapp e hicimos el pago del 50% por transferencia bancaria (con una cuenta de Ecuador) y lo restante el día anterior al tour.

La segunda excursión que planeábamos hacer, por la zona alta (Highlands) de la isla, la reservaríamos con un taxi directamente en San Cristóbal (según las recomendaciones que leí). Así que, con las actividades ya programadas, nos dedicamos a hacer maletas y esperar el día del viaje…

Finalmente, ese día llegó y tuvimos que madrugar para ir al aeropuerto. No tuvimos problema en Guayaquil para obtener nuestra Tarjeta de Tránsito y viajamos con una mochila y la maleta de cabina (no facturamos equipaje).

Llegamos a San Cristóbal y tomamos un taxi del aeropuerto hasta el alojamiento. según las indicaciones de la persona del AirBnB, nos debía cobrar $2 y así fue. Nos presentamos con la chica, acomodamos nuestras cosas y nos pusimos traje de baño. Queríamos salir a conocer Puerto Baquerizo Moreno. Luego de caminar un rato, llegamos a una playa donde pudimos ver lobos marinos. ¡No podíamos más de la emoción! Nos detuvimos a verlos más de cerca, (ojo, hay que tener una distancia de mínimo 2 metros para que no se sientan amenazados, después pueden atacarte), y tomarles fotos. Son unos animales muy adorables cuando están jugando en el agua.

Llevaba 10 minutos caminando y ya me enamoré de este sitio

Continuamos nuestro camino y llegamos al inicio del Malecón. Durante todo el recorrido por el Malecón se pueden ver lobos marinos por doquier. Se sitúan entre las rocas y/o jugando en el agua. Es muy divertido contemplarlos desde lejos. Vimos que pasaba una camioneta y le pedimos que nos llevara a Playa La Lobería. En carro la distancia es muy corta, y luego se caminan unos 15 minutos hasta llegar a la playa.

Un lobo marino tomando el sol en el Malecón de San Cristóbal
Enamorada de Galápagos

Pensábamos que estaría llena de lobos marinos, según el nombre indica, pero sólo había uno jugando en la orilla. Según el guía, a quien le pregunté al día siguiente, nos contó que años atrás si había un sinnúmero de lobos marinos en esta playa, pero nadie entiende lo que sucedió, que de la noche a la mañana aparecieron entre 2.000 a 3.000 lobos en la zona del Malecón y desde entonces se han quedado ahí.

Lo primero que hicimos fue ponernos bloqueador, ya que el sol estaba muy fuerte, (igualmente eso no evito que me quemara terriblemente). Esperamos que se secara y por turnos nos fuimos metiendo al agua. Obviamente con el equipo de snorkel y la cámara de agua. Había mucha gente en la orilla, pero si uno avanzaba no había casi nadie. La profundidad no era mucha, pero sí había que tener cuidado porque había muchas rocas y era un poco incómodo caminar. Por lo que, ya llegado un punto, había que avanzar nadando.

Cuando casi lo ataca un lobo marino. Sólo mirando la cara del lobo ya se ve que está enojado
Leyendo un poco mientras disfruto de esta increíble vista

Disfrutamos muchísimo del agua, la temperatura estaba muy agradable y el color era muy claro. Pudimos ver tortugas marinas nadando, algunas estaban en grupo de tres o cuatro y otras iban por su cuenta. ¡Fue maravilloso! No habíamos tenido la oportunidad de hacer esto anteriormente, por lo que nos pareció una buena experiencia. Cada vez que uno salía del agua le contaba a otro sobre lo que había visto. Ya iban a ser las tres de la tarde, por lo que decidimos volver al centro para comer (sólo habíamos llevado snacks).

Como nos habíamos pasado la hora de la comida (debido a la emoción del momento), ya muchos lugares que nos habían recomendado estaban cerrados. Decidimos probar en Cris Burgers, un sitio que habíamos leído buenos comentarios y ¡estaba abierto! Queda a una calle para atrás del Malecón, muy cerca de la oficina del Banco del Pacífico (nuestro referente en el viaje). En vez de pedirnos hamburguesas pedimos unas bandejitas de pollo y carne, maíz, guacamoles, papas fritas que estaban deliciosas. Quizás era el hambre, pero volvimos otro día a pedir lo mismo e igualmente nos gustaron. Junto con esto pedimos unos jugos naturales de maracuyá muy buenos.

Disfrutando de estas bandejitas

Luego de dar una vuelta por el Malecón, nos fuimos al departamento para descansar. Al día siguiente había que madrugar a las 6 para ir al tour.

Eran las 7am y ya estábamos varias personas fuera de la agencia esperando para empezar la excursión por toda la isla. En cuanto el guía llegó, nos hicieron probar los trajes de neopreno y nos entregaron el equipo de snorkel: máscara, aletas y tubo (en mi caso llevé el mío propio). Así que cuando estuvimos todos listos, nos fuimos al Malecón para subirnos a nuestro barco. Recomiendo, si sufres de mareo, tomar una pastilla antes de salir porque el viaje es muy pesado; el primer tramo dura, aproximadamente una hora y media hasta descender del bote en la primera parada.

Yo decidí sentarme en la parte de atrás del bote donde pegaba el viento, porque era donde uno no se mareaba (prefería evitar estar enferma).

El tour lo conformábamos diez personas (tres de Puerto Rico, una de Canadá, dos de Francia, un chico de Bulgaria, una chica de México, un chico de España y yo de Ecuador). Además, estaba el guía, el capitán y un ayudante. Fue un grupo bueno, conversábamos entre todos y el guía explicaba todo muy bien, (tanto en español como en inglés).

Nuestra primera parada fue en Bahía Rosa Blanca. Es una playa muy pequeña donde la arena, y por eso el nombre, es de un color muy blanco. El color del agua también era de un turquesa y se podía ver claramente. No nos quedamos aquí, sino que avanzamos unos quince minutos (entre piedras y cactus) hasta llegar a una laguna donde nos pusimos lo neoprenos e hicimos una hora y media de snorkel. El agua no estaba tan clara, como en La Lobería, pero pudimos ver muchísimos animales marinos. De todos los puntos visitados ese día, fue en el que más disfruté viendo la vida acuática. Vimos una gran cantidad de peces, nadamos entre tortugas y también había una mantarraya gigante y otra más pequeña.

Bahía Rosa Blanca es un paraíso

El guía y otro chico alcanzaron a ver un tiburón pequeño, pero se mueven tan rápido, que desaparecieron (y eso que estuvimos buen rato buscándolos).

Volvimos a subir al bote y nos dieron de snack una banana con un pan relleno de mermelada. Estuvimos media hora navegando hasta que llegamos a Punta Pitt, que es el punto más al sur de la isla. Aquí no se puede desembarcar, por lo que nos quedamos unos 20minutos en el bote haciendo un poco de pesca, aunque no conseguimos nada. Parecía que los peces se acercaban al anzuelo, pero descubrían que era una trampa y se alejaban.

Ya se estaba acercando la hora de comer y nos acercamos hasta Bahía Sardina, pero el capitán dijo que el agua estaba muy turbia y había muchas olas. Por lo que recomendó ir a Puerto Grande para comer y desembarcar ahí. Así que confiamos en el experto y estuvimos unos 40minutos más navegando. Primero pasamos en el bote por Cerro Brujo, que es una colina en donde en la división se puede apreciar la figura del León Dormido (Kicker Rock).

Al fondo se puede ver la silueta del León Dormido entre las rocas

Al llegar a Puerto Grande, nos dimos cuenta de que habíamos tomado la mejor decisión, ya que no había olas y pudimos comer tranquilamente en el bote. De almuerzo teníamos dos opciones: pescado o pollo (en mi caso cogí la segunda) y venía con arroz, chifles redondos (que son hecho a base de plátano verde), y una ensalada. Estuvo muy rica la comida (para ser de tour).

Sin duda los plátanos fueron mis favoritos, aunque el pollo estaba delicioso

Acabada la comida, desembarcamos directamente para hacer snorkel. ¡Aquí al fin pude ver tiburones! Eran pequeños, pero pasaron delante de mí muy lentamente. Me quedé de piedra. Creo que nadie más del tour los vio. Lástima que se mueven tan rápido y no dan tiempo para tomar foto. También vi otra raya gigante; desde otro bote me avisaron dónde estaba y no dude en levantarme y verla.

Y ahora sí, lo que más estábamos esperando: llegar al famoso León Dormido (Kicker Rock), el punto más famoso de San Cristóbal y de los más icónicos de Galápagos. Al llegar pude ver lo altas que eran las rocas que lo forman. El bote tuvo que darle la vuelta, ya que íbamos a cruzar el canal haciendo snorkel, por lo que tenía que revisar la corriente.

Al descender me di cuenta de que la corriente estaba muy fuerte y el agua un poco turbia. Para poder llegar ahí se coordinan horarios para los botes: algunos van por la mañana y otros por la tarde para controlar. En este caso, solo estaba nuestro bote y otro más que llegó un rato después.

Snorkel en León Dormido – actividad imperdible en San Cristóbal

El guía fue preparado con una boya grande por cualquier emergencia. Íbamos en la búsqueda de los famosos tiburones martillo, que se encuentran localizados en esta zona. Debido a la corriente tuve que ir del brazo de mi acompañante porque si no me quedaba muy atrás. Antes de entrar al canal, a uno de los señores que estaba con nosotros, le empezó a dar un calambre en la pierna, por lo que tuvo que volver al bote (donde también estaban su esposa y la señora que los acompañaba). Así que, de diez, nos aventuramos siete más el guía.

Empezamos a nadar por el canal, mientras buscábamos los tiburones, pero no se veía tan claro. Pudimos ver una zona llena de corales. También hay que tener cuidado de no nadar muy pegados a la roca para evitar accidentes.

Cruzamos el canal y pudimos ver varias tortugas marinas; una de ellas iba sacando su cabecita del agua. En un momento me asusté mucho, ya que la corriente empezaba a ser más fuerte. Yo crecí acostumbrada al Océano Pacífico, con olas grandes, pero, aunque me guste el mar, le tengo mis respetos. Y ya me estaba cansando de pelear con la corriente, cuando en eso lo vi. ¡Un tiburón martillo gigante! Sacudí a mi compañero y se lo mostré, y lo alcanzó a ver. Ya con eso subí la cabeza y le pregunté al guía si podía apoyarme en la boya, mientras contaba sobre el tiburón y señalaba donde lo había visto (nadie más lo vio, salvo nosotros).

Yo sentía algo raro en el guía, dudaba si era él, cuando escuché mi nombre y me di cuenta de que me había unido al otro grupo y el mío estaba más adelante. Ufff del cansancio, solo vi la boya y no me di ni cuenta. Así que nadé hasta ellos, y el guía empezó a bromearme.

Y así acabó nuestra excursión por todo San Cristóbal, desde el centro al sur y luego hacia el norte para volver a Puerto Baquerizo Moreno, donde nos despedimos de nuestros compañeros del día y del guía.

Al acabar caminamos con la chica de Canadá hasta Playa Mann donde queríamos descansar un poco, pero había mucha gente. Ella siguió para el Cerro Tijeretas y nosotros aprovechamos para visitar el Centro de Interpretación, hasta que el cansancio nos venció y volvimos a casa.

Conociendo de la historia de las Islas Galápagos en el Centro de Interpretación

Más tarde salimos por el Malecón y descubrimos unos deliciosos helados de paila (de fruta). También nos impresionamos al ver la cantidad de lobos marinos que estaban en la arena. Había demasiados, calculo mínimo unos 400, todos amontonados. El olor es terrible, pero nos quedamos un rato para verlos y hasta pudimos ver cómo una cría buscaba entre todos a su madre. Esperamos la haya encontrado.

Lobos marinos descansando en la arena – había unos 400

En nuestra siguiente entrada podrás seguir viviendo mi experiencia en Galápagos.

Rossana 😊

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